viernes, 9 de julio de 2010

La sensación de caída le robó el aire del pecho, y hasta que los pulmones no le ardieron no abrió los ojos de golpe.
Boqueó, porque le faltaba oxígeno, y en lo único que pensó con cierta dificultad fueron dos cosas: sospechaba que se había quedado inconsciente y no sabía lo que había pasado.
No vio ningún rostro porque el sol le cegaba completamente, pero sí escuchó una voz femenina. Y la reconoció, ¡desde luego reconoció el tono desdeñoso que tanto le crispaba los nervios!
-Joder, menos mal. -dijo- La próxima vez tendré más cuidado cuando pille a algún novio mío liándose con otra.
Desde luego, no parecía aliviada de que despertara de su pérdida de conciencia.

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