lunes, 21 de junio de 2010

Damián no temía nada. En cierto modo, vivía como un animal; dominado por sus impulsos. Nadie lo había podido encarrilar. Vivía en el amor libre y sin ataduras. Había roto corazones y le era indiferente. No se comprometía jamás a nada. ¿Algo más? Sí, sus ojos azules. Cristalinos e inalcanzables.
Se sentó frente a la barra del Luxury, un antro donde siempre había una neblina en el ambiente provocada por los cigarros. La luz la mantenían casi en penumbra para que fuese más acojedor, aunque hacía tiempo que había perdido ese adjetivo. Así pues, no era de extrañar que fuese el lugar favorito de Damián para pasar las horas muertas en las que quería ahogar a su alma en alguna sustancia alcohólica.
-Devil Springs -pidió cuando se le acercó la camarera.
Mientras esta vertía el líquido de la botella en un chupito, miraba de reojo al muchacho (porque no tenía más que veinte años), dudando si sería bueno darle una bebida con esos grados de alcohol.
-Relaja, Berta. No me subestimes aún -le reprochó Damián con una media sonrisa.
Berta le pasó el chupito y él jugueteó un poco. Después de pensar durante un minuto, se inclinó en la barra hacia Berta, que limpiaba vasos en el fregadero.
-Hoy me siento generoso, ¿sabes?
Ella sonrió a los vasos, sabiendo de antemano todo lo que Damián diría luego.
-Estoy dispuesto a seguir con nuestros intercambios anatómicos, y no te pediría dinero, pero eso ya lo sabes. Y yo sé que tú harás lo mismo. ¿Qué me dices?
Berta se acercó con mirada insinuante. Hacía tiempo que tenían ese trato, y gracias a él Damián salía beneficiado el doble: no pagaba, y satisfacía sus placeres más internos. Esa vez, antes de dar el sí, el hombre que era una especie de armario andante que era el jefe de Berta se acercó por detrás de ella.
-¿Qué pasa aquí?
Ella se marchó con la cabeza gacha y las mejillas rosadas a atender a otro cliente. Damián frunció el ceño, sosteniendo el chupito aún lleno y apoyado en la barra.
-Personalmente no estoy dispuesto a ser yo el que haga todo el trabajo que iba a hacer con Berta. Si quieres puedo buscarte a una chica o... a un chico.
El jefe ni se inmutó.
-Paga.
Damián echó la cabeza hacia atrás y se tomó de un solo trago la bebida. Dejó el chupito en la barra y se quedó mirando el vaso. A continuación, sonrió al hombre e hizo una pequeña reverencia con la cabeza. Dio la vuelta y salió del Luxury con prisa pero sin llegar a correr. A pesar de escuchar los gritos enfurismados del hombre, Damián tenía claro que volvería. Después de todo, tampoco le daba mucha importancia al asunto. Nada que no se pudiera arreglar con una charla y unas copas.




*A partir de mañana, los próximos cinco días no actualizaré porque estaré de viaje. Disculpadme de antemano y espero que disfrutéis del relato :)

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